Acerca de mensajes, mensajeros y entornos

Sí, el uso de plataformas digitales se ha intensificado en la contingencia. Pero ¿qué pasa con los mensajes no mediáticos que se reciben de los contextos más inmediatos?

Los roles familiares se han ido modificando y esto se refleja en la elección y consumo de fuentes de información por parte de cada integrante de la familia. Desde el inicio de la cuarentena los adolescentes y jóvenes de las familias tomaron las riendas sobre la información que se consume dentro del hogar y se encargaron de filtrar e interpretar los mensajes de los medios de comunicación y redes sociales.

Estos mensajes han permitido a las familias acercarse y mantener las medidas de prevención establecidas, servirse de “nuevos” temas para hablar y proyectar el impacto del virus a su entorno, medirlo en sus calles, sus colonias, con sus vecinos.

Al comparar el entorno las familias se dieron cuenta de que hacerle caso sólo a los medios no era suficiente.¿Estoy de acuerdo con las medidas de prevención, pero de qué nos sirven si no se cumplen y no son parejas?” – cuestiona David de Guadalajara viendo que hay negocios como Coppel que siguen abiertos a pesar de no vender cosas esenciales para la contingencia. “¿Para qué me cuenta la nota que se aumentó la venta cuando yo vi que mi tiendita ya se cerró?” – reclama Tina de Cancún. Así los adultos de las familias empezaron a ser más atentos y compartir las observaciones y mensajes que han recibido en los alrededores de su casa, cuestionando la otra información.

El entorno comunica y transmite mensajes, que pueden ser alarmantes y amenazantes para el bienestar familiar. La cuarentena se alarga, Dulce en Oaxaca fue despedida de su trabajo hace un par de semanas, Ricardo en Chihuahua no pudo encontrar empleo a causa de la contingencia: sí, son noticias estresantes para las familias. Pero es igual de estresante saber que el vecino don Raúl de Zacatecas no pudo cobrar su pensión después de horas en la fila de su banco o enterarse de los rumores que en San Luis Potosí se arman rapiñas para saquear Walmart. 

Al mismo tiempo, el entorno comunica otros mensajes que las familias toman con esperanza y que les permiten reafirmar que ellos han hecho las cosas bien.Los vecinos de Carlos de Monterrey están vendiendo frutas y verduras desde su casa tras el cierre del mercado; se respetan los carteles con nuevas reglas de atención en farmacias, veterinarias o abarrotes en Puebla, en Tijuana y muchos otros lugares del país, para mantenerse abiertos. También la promoción de pedir comida a domicilio de los locales favoritos, aunque se pague un poco más. Cada mensaje es un ejemplo que susurra con mucha delicadeza, que todavía se puede, que no todo está perdido.

Mientras los más jóvenes de las familias se encargan de los mensajes mediáticos y los adultos parten de lo que les comunica su entorno, todos concuerdan que más allá de la crisis de salud, los mexicanos se verán (y ya se ven) afectados por la crisis económica. Dentro de los cambios que están viviendo y los mensajes que van procesando diario, parece que tan sólo observar congruencia entre los discursos y las acciones ayuda a sentirse protegidos, aunque sea un poquito.