La relación con los medios y redes sociales se hizo más estrecha al estar en casa, cambiando el tiempo de atención a partir de las rutinas y emociones del día.

Antes de la contingencia las familias tenían una ruta de consumo de medios y plataformas que estaba ligada a los tiempos laborales, educativos y de descanso –traslados, tiempo libre, esperas, etc. –; ahora que están tanto tiempo en casa, la presencia e importancia de los medios se ha amplificado.
Ahora, la compañía de los medios se mantiene, no sólo porque se tiene que estar informado, sino también porque, lo que se puede saber de afuera se utiliza para organizar lo de adentro. Por ejemplo, Roberto apenas se enteró que empezó la fase 3: “estoy pensando en dejar de trabajar, ahora sí me dio miedo, he estado llevando pedidos a personas que pueden estar contagiados”.
A esto se suma que el ritmo dentro de casa es distinto a lo que están contando los medios afuera. Adentro, permanecen las mismas personas que están reaprendiendo a convivir y a seguir con las responsabilidades de antes. La presencia de los medios está ayudando a mantener la cotidianidad como se conocía. Pero también se preguntan: ¿hasta qué punto están ayudando?, ¿lo que me dicen me sirve?, ¿qué canales tengo y puedo ver?
También están expuestos a más información que antes. O así lo perciben. Antes la vida afuera tenía tiempos donde la televisión no estaba. Ahora está ahí, en la sala, en la pantalla, en el celular, a un botón. Un flujo y ritmo continuo de narraciones de todo tipo: trágicas, inciertas, contradictorias, alegres, tranquilizadoras. Las personas se vuelven vulnerables a lo que ocurre allí y, dependiendo de la noticia, se alegran o se preocupan. De cierta forma, dependen de lo que escuchan para imaginarse a sí mismos en unos días o para sentirse seguros hoy.
Ante ese vaivén de emociones, eligen medios y programas específicos, no sólo a partir de la credibilidad y la confianza, sino por lo que emocionalmente pueden obtener de ellos. De la conferencia de las 7, datos constantes y controlados; de las notas que comparten en Whatsapp, tips en la casa; y, de las videollamadas continuidad y relajación frente a las responsabilidades. Se mantienen los memes, los videos virales, ver una película en la tarde para ponerse de buen humor.
Las familias están construyendo mecanismos para desconectarse por ratos del tema central: COVID-19, el coronavirus. O por lo menos buscan no sentirse atrapados por esta información. Establecen un horario de uso familiar donde se pueda decidir qué y a quién ver y procuran no estar sujetos a los que pasa en medios para organizar su día. Porque no hay que olvidar incluir contenidos y medios que ayuden a la productividad: las clases de los hijos, los tutoriales para aprender algo nuevo y organizar las videollamadas laborales.
Ante lo extraordinario de los tiempos, mientras en la casa todo sigue igual, entendieron que administrar los medios y los contenidos es administrar las emociones. A veces contienen, a veces distraen, otras disparan la angustia. Pero eso no les impide explorar y buscarle en las pantallas para tratar de estructurar sus días. ![]()
