Aspectos de la vida cotidiana de las familias se han reconfigurado, sin embargo, hay una que todavía parece no alterarse: la disposición a pagar sus deudas.

A raíz del confinamiento, las personas han generado una administración más rígida de sus recursos para aprovecharlos al máximo. Ahora tratan de tener dinero en efectivo en casa para cualquier eventualidad, realizan compras “extra” de artículos de primera necesidad y “racionalizan” más los gastos extras.
Ante la incertidumbre de un futuro sombrío, las personas están mostrando tener muy claro qué es lo que se debe seguir pagando. Separaron lo esencial de lo que no lo es. En primera instancia, lo esencial es lo que consideran necesario para mantenerse estables. Se busca garantizar el abasto de alimentos y asegurar los servicios básicos para darle continuidad a las actividades cotidianas recreativas o productivas dentro del hogar. En este sentido, parece no importar mucho el incremento del gasto en estos, lo importante es “estar al corriente” para no perder el agua, la luz, el gas, el internet. Aunque al estar más tiempo en casa, es probable que las cuentas suban.
Hoy, más que nunca, contar con los servicios es importante para los mexicanos porque tenerlos implica no sólo poder desempeñar las labores domésticas como cocinar, limpiar la casa; también facilitan el acercarse a sus seres queridos a través de una llamada telefónica, “desconectarse” viendo una serie por streaming o informarse; trabajar y cumplir con las actividades escolares en las clases virtuales. Porque, para Guadalupe de Zacatecas, si se queda sin internet, pone en riesgo el año escolar de su niño. Además, todas estas actividades ayudan a aligerar la carga del encierro.
En segunda instancia consideran los “compromisos” adquiridos previamente. Las deudas con las que llegaron a la cuarentena. En plena contingencia sanitaria, las familias se preocupan (y ocupan) de permanecer al día en los pagos que tienen pendientes, de sus deudas. Pagan sus créditos, las tarjetas de tiendas departamentales o de instituciones financieras.
Así vemos a personas en Mérida que buscan la forma de saldar su deuda con Suburbia, a Manuel quien sigue pagando la moto que compró a crédito en Veracruz o a Josefa de Chiapas, que, a pesar de la difícil situación, se apoya de la familia para pagarle al banco. Lo que se busca es “cumplir” o apaciguar la preocupación que tienen por no saber qué pasará más adelante. El objetivo es no generar más intereses o mejor aún, saldar la deuda antes de que alguno se quede sin trabajo o de la llegada de la crisis. ¿Hay alguien hoy que no tenga la disposición de pagar? Es probable. Pero la mayoría trata de hacerlo aún con la contingencia. Dicen que dejarían de pagar si la situación empeora, que se caiga en desgracia y no haya ni para pagar “lo mínimo”. También podrían no pagar si el acreedor no es empático. Entonces se optaría por destinar los recursos plenamente a comprar los alimentos y a mantener los servicios. Es decir, a lo esencial. ![]()
