Las intenciones existen, las ganas a veces, el espacio no siempre. “Moverse” se ha convertido en una de las decisiones que generan estrés e incomodidad porque en estos momentos es más importante mantener la mente sana.

En varias publicaciones que circulan, sobre todo por las redes sociales, se motiva a la gente a hacer ejercicio, a moverse, tomar cualquier objeto que esté a la mano para convertirlo en pesas o en tapete para yoga o en cualquier cosa que active al cuerpo. Hay familias que toman algunos consejos, otras que lo intentan, otras que no tienen el espacio, otras no tienen el tiempo, ni las ganas, ni la motivación. Sin embargo, todas ellas mantienen una relación distinta con su cuerpo a partir de la contingencia: “¿cómo cuidarlo mejor?, ¿qué tanto tiempo he pasado acostada?, ¿será que me duele la espalda de tanto hacer quehacer? Ya se me volvió a dormir la pierna.”
De pronto, las personas han cobrado una consciencia particular sobre su cuerpo que trasciende el ámbito del ejercicio. “Salir de la casa representa paz para el cuerpo” es un lema que han adoptado los Méndez, en Chiapas. Si bien hay una sensación sobre aumentar de peso porque se come más durante el encierro (accesibilidad o ansiedad) y otra muy patente sobre el contacto con el otro (evitar sentir a alguien es evitar un posible contagio), pensar en el cuerpo invariablemente es pensar en la mente. El encierro para las familias mexicanas es una lucha por mantenerse físicamente dentro de casa pero mental y sensorialmente fuera de ella. Los sentidos añoran el mundo exterior y se remiten a él a través de videos, noticias, series, y estímulos que les permitan mantenerse vívidamente “afuera”. La mente y el cuerpo pareciera que comienzan a vincularse.
En el mexicano suele haber una relación particular entre cuerpo y mente: el cuerpo se suele entender a partir de una bisagra en donde “es amigo” mientras se mantenga sin dolencias y no sea necesario preocuparse de él, pero cuando hay algún síntoma se convierte en “enemigo” y no basta con mantener la mente ocupada. El cuerpo puede enfermarse, la mente, no. Una buena actitud y pensamientos positivos pueden ser suficientes para sentirse saludable, aunque el cuerpo esté enfermo.
Quedarse en casa hace que los mexicanos comiencen a cobrar sentido de su cuerpo y mente como un solo ente complejo y de diversas dimensiones. Se vuelven conscientes de que el cuerpo encerrado puede ocasionar ansiedad, preocupación y otras manifestaciones sintomáticas: “Yo me siento muy desesperada, muchas cosas ni les entiendo. Y luego aquí encerrados, quisiera salir corriendo”. “Yo tengo taquicardias y mucha ansiedad, batallo a veces para respirar. Me estoy desvelando hasta las cuatro de la mañana porque no me da sueño”. Hacer ejercicio está bien, pero para las familias probablemente esto signifique añadir una preocupación adicional a las que ya tienen. Añadir una preocupación adicional sería ocupar la mente con pensamientos que minarían la buena actitud que se necesita para estar bien, incluso para reforzar ese sistema inmunológico que nadie conoce, pero todos protegen. Liberar la mente, entonces, puede ser un remedio para el mismo síntoma: pensar en el cuerpo. ![]()
