Los niños como forma de afrontar el mundo

El cambio cotidiano generó que los pequeños en casa tengan que jugar a ser adultos en su realidad de niños (o tal vez tienen que jugar a ser niños en una realidad de adultos). 

Si vives en Guadalupe, Zacatecas, es probable que te llegue un WhatsApp en donde se ofrecen mangonadas (raspados de mango con chamoy) a un muy buen precio. La familia Córdova compra todos los insumos para que Valentina las prepare. Para su papá, Marco, esta actividad es vital en su desarrollo: “Me gusta que Valentina esté en la casa porque está aprendiendo a vender, para que se le quite la vergüenza y porque es una herramienta muy útil para la vida. Yo le doy consejos de negocios y ventas”. Valentina tiene 7 años. 

Para las familias con hijos en casa, atenderlos, cuidarlos, entretenerlos y educarlos ha sido un reto para el que, curiosamente, no estaban tan preparados como creían. Algunos ayudan en el quehacer del hogar, otros se distraen con la tecnología y otros siguen yendo a la escuela, nada más que en línea. En diferentes circunstancias este encierro ha provocado un fenómeno interesante en los niños: han tenido que acelerar su crecimiento, su aprendizaje, su madurez. 

Las familias juegan y jugar permite simular. Los juegos son una herramienta que busca replicar elementos de un sistema complejo en un entorno controlado. Los participantes se enfrentan a retos que imitan el mundo real, donde ponen en práctica sus habilidades, donde cada decisión es su responsabilidad y donde el resultado de éstas esconde uno o varios aprendizajes: desarrollar la autonomía, explorar intereses, encarar problemáticas. [1] 

Los niños han tenido que simular ser adultos durante esta contingencia. Qué tan forzosa sea esta simulación o qué tan cercano a la realidad sea este juego habla del contexto sociocultural al que se pertenece. En clase media dinámica, simular ser adulto es una forma de cumplir roles, es cooperar con la familia, es una herramienta financiera de apoyo. Vendiendo mangonadas, por ejemplo. En otros contextos puede ser parte del entretenimiento cotidiano o puede ser un juego para los papás, incluso puede ser algo completamente ajeno a su realidad, pues hay recursos y un futuro seguro. 

Las familias están utilizando todo lo que tienen a la mano para poder mantener cierta continuidad en la vida diaria. En esta continuidad engañosa, la realidad se acerca cada vez más amenazante y lo mejor que se puede hacer es estar preparados, incluidos los niños. Hacerlos adultos a temprana edad es una forma de alistarlos, es educación, es patrimonio, es estilo de vida. 

Juanito termina su tarea y barre lo que dejan los trabajadores del taller de su papá. Layla se queja de que ya no quiere comer cereal, que extraña los tlacoyos de la abuela. Un grupo de primas dejan el juego de mesa para ver la conferencia de Gatell. “Mami, cuando terminé la coronavirus [sic] vamos a ir por un helado y al parque y a la juguetería”.


[1] Para leer más sobre este tema: Calabor Prieto, María del Sol y Ana Cristina Urquidi. Aprendizaje a través de juegos de simulación: un estudio de los factores que determinan su eficacia pedagógica. EDUTEC. Revista Electrónica de Tecnología Educativa. (ISSN 1135 – 9250 Núm. 47 / Abril 2014).