Estrategias de ayuda durante el COVID-19

Las personas dejan a un lado sus temores y reconocen a quienes pueden estar pasando por momentos más difíciles. Ayudan a la familia y si se puede, a la comunidad. 

Las familias esperan que la cuarentena termine y así retomar sus actividades cotidianas. Pareciera que mientras eso sucede las personas sólo están pendientes de las cifras e indicaciones oficiales. Pero no es así. Más que una espera pasiva, las personas están tomando acción en su entorno y ejecutan estrategias de ayuda como muestra de los valores que caracterizan a los mexicanos: solidaridad, empatía, lazos sociales. A diferencia de otros contextos -en donde hay un resguardo individual o de pareja- en la clase media dinámica se observa un resguardo colectivo. 

Están preocupados por poder continuar con la estabilidad que hasta ahora han tenido y que incluso ha atenuado la crisis económica, permitiendo generar una previsión a futuro: por si alguien de la familia pierde el trabajo, por si alguien se enferma, por si la crisis de salud se alarga. Pensando siempre en el otro, en un contexto incierto. Necesitan saber que “el grupo” tendrá forma de responder ante cualquier eventualidad. 

Esta estabilidad obedece a un sentido de colectividad y ofrece un equilibrio, una seguridad fundamental. Se piensa no sólo en poder ayudar a otros, sino también que en algún momento se pueda ser beneficiario y va más allá de quienes viven en una misma casa. Un ejemplo es la familia Olan de Villahermosa, quienes cuentan cómo el hijo, que era el sostén económico del hogar, perdió el empleo y ahora la hija, aunque no vive con ellos, los apoya con dinero y alimentos. La ayuda también se refleja en cómo se administran los gastos, por ejemplo, los Treviño de Monterrey y los Méndez de Chiapas se organizan entre todos para comprar la comida a mayoreo y así conseguir mejores precios. 

En la medida que perciben tener cierta estabilidad y tranquilidad las familias piensan en ayudar afuera y el contexto inmediato suele ser la comunidad. Miran a quién pueden apoyar: adultos mayores, viudas, comerciantes locales, personas sin empleo, familias numerosas. Así Mónica de Guadalajara hace unos días llevó alimentos a un centro de acopio organizado por vecinos y Manuela de Chiapas ha llevado alimentos a mujeres viudas de su comunidad, quienes no tienen ingresos económicos. 

La crisis permite observar la ayuda como un valor formativo que se ha inculcado y fomentado desde diferentes espacios como la iglesia, la escuela, la familia misma. Visibiliza la conciencia del otro y de lo que se puede hacer por él. Se observa cómo la ayuda vive en el cotidiano de las personas, fuera de las instituciones y fundaciones. Las personas que van a pie, quienes preparan alimentos y los regalan, aunque podría pensarse que no les sobra, dejan ver su sensibilidad y empatía en momentos de crisis. ¿Será un buen momento para ayudarles a ayudar?