Corte de caja: vamos bien, pero no todo está bien

Escuchar que la cuarentena se extiende hasta finales de mayo cayó como balde de agua fría a los mexicanos que tenían la esperanza de que no fuera así o, por lo menos, que no fuera todo un mes. 

Todos informaban lo mismo: se extiende el tiempo del “¡Quédate en casa!”. La televisión con los noticieros, las redes sociales con los highlights de las conferencias del gobierno federal, los mensajes en el WhatsApp con las pláticas familiares y amigos. Este mensaje estableció un punto de inflexión, obligando a hacer un recuento de lo que se ha hecho hasta hoy, cómo van las cosas en casa -con el mucho o poco control que pueden ejercer-; y cómo está su contexto, su comunidad y su estado. 

El resultado de la evaluación tuvo un balance negativo, a pesar del optimismo y el esfuerzo que se ha hecho por sobrellevar la cuarentena lo mejor posible. La carga emocional que se vive dentro de los hogares ya resulta un poco abrumadora, con tintes de desesperación, ansiedad y, en algunos casos, de depresión. Hasta este anuncio, los mexicanos se habían volcado a verle la buena cara al mal tiempo. No se habían permitido expresar las molestias de manera tan personal. Ya no se pudieron contener las emociones, porque a pesar de las buenas acciones para respetar las medidas, las personas ya no se sienten bien. 

Familias que se quedan en casa con resignación, trabajadores que salen y tratan de cumplir con las medidas sanitarias posibles, hijas que dejan de ver a sus madres con tristeza para evitar riesgos. Parece que cada uno hace su mayor esfuerzo, pero no es suficiente. Incluso, en Torreón, los Salazar están organizando una colecta para entregar despensas a quien las necesite, pero se desmotivan cuando ven en televisión o en redes sociales fotos y noticias de personas saliendo a las calles o haciendo fiestas sin preocupaciones, gobernadores haciendo eventos masivos o empresas que siguen trabajando normal. 

¿Qué más queda por hacer? Las familias se confrontan ante esta realidad porque piensan que a pesar de todo “lo bueno” que han hecho, la normalidad que tanto anhelan no regresara más rápido. Ahora se acentúan las desigualdades en los mexicanos ante una enfermedad que, en su origen, no establecía diferencia. La verdad es que no todos están en el mismo barco o eso es lo que muestran los medios. 

Con la Fase 3 saben que habrá más contagios y dudan que la atención médica sea suficiente. Aunado a las desventajas económicas del contexto, se le está exigiendo a los mexicanos hagan un sprint en una carrera con desigualdades sociales, con la seguridad de que no todos podrán tener la resistencia para cruzar la meta.