Después de Semana Santa las familias regresaron del descanso festivo al descanso forzado de la cuarentena. Aparentan estar más contentas con su nuevo orden cotidiano. ¿Será que se han adaptado a este o apenas lo están aceptando?
El inicio de la cuarentena se acompañó de incertidumbres, quejas y suposiciones sobre “todo lo que se pudo haber hecho si no hubiera llegado la pandemia”. Pero esta semana las cosas han cambiado: el nuevo orden cuarentenal empezó a asumirse como lo normal sin tanto hartazgo.
Este cambio se debe a que las familias han aprendido a mantener su ritmo de vida, pero sobre todo, han podido sostener sus tradiciones más importantes. Aunque algunas celebraciones tuvieron que cancelarse o transformarse, la posibilidad de destacar ciertas fechas en el calendario les ayuda a recordar que la vida sigue y hay que festejar. Los cumpleaños y las reuniones con sus preparativos y su comida especial -aunque con menos personas de lo habitual-, cobran una mayor importancia a pesar de que deban adaptarse a dinámicas dentro del hogar. Estos momentos rituales han permitido hablar de un nuevo “antes” y “después” desde que empezó la cuarentena y son ejemplo de cómo, en efecto, las familias pueden seguir.
Han sido varios los momentos rituales que han remarcado lo positivo de la cuarentena. Uno transversal fue la Semana Santa, principalmente para las familias más religiosas como los Villegas de Chihuahua o los Rivera de Oaxaca. De igual forma los cumpleaños son un elemento común, por ejemplo, Álvaro y Alin de la Ciudad de México dejaron a un lado la distribución equitativa de los quehaceres domésticos y Álvaro los asumió como regalo de cumpleaños para Alin. Karen en Cancún invitó a sus hermanos y sobrinos para tomar unos vinos y partir el pastel.
También encuentran detalles emocionales, pequeñas iniciativas propias para hacer algo especial por el otro. Horacio de Chiapas, al ver a su mujer agotada de estar pendiente de tantas personas y tareas en casa, invitó a una señora para que le ayudara con la limpieza y asumió ese gasto; o Laura – abuela de Valentina de Zacatecas – quien le dejó 20 pesitos debajo de la almohada cuando a la niña se le cayó el diente. Detalles que, sin duda, hacen más llevadera la cuarentena. Las actividades han comenzado a significarse como la nueva rutina que –impuesta o no– también tiene su lado positivo. Trabajar o tomar cursos en línea desde casa como lo hacen Karen de Cancún y Elena de Guanajuato es el pretexto de darse un tiempo para ellas. Pero también dormir más como lo manifiesta Cristina de Tijuana, descubrir lo rico que puede ser comer saludable como David de Guadalajara o pasar más tiempo con los hijos como en el caso de Andrea de Mérida. Todo esto se disfruta con una pequeña condición y petición: que todos tengan salud y dinero para permitirse y no preocuparse por lo “básico”.![]()


