Aprendiendo a la distancia

Al finalizar el periodo vacacional por Semana Santa, instituciones escolares, maestros, padres de familia y alumnos generaron expectativas sobre cómo y hasta cuándo podrán retomarse y mantenerse las clases desde casa.

Terminaron las vacaciones de cuaresma y las personas que están vinculadas a procesos de enseñanza-aprendizaje, regresaron a su productividad.  Hasta ahora la mejor forma que han encontrado las escuelas para no perder el año es llevar la enseñanza a diferentes canales como clases virtuales con “Aprende en casa”, plataformas digitales de colegios y manejo de grupos de WhatsApp. Sin asistir a las escuelas, docentes y alumnos deben aprender también a interactuar virtualmente. Aunque para lograrlo primero deban aprender a usar las herramientas digitales.

Las escuelas partieron de que los profesores tendrían el conocimiento y la habilidad para adaptar los planes de estudio a los tiempos y necesidades de las plataformas digitales. Si bien es cierto que las tecnologías de la información y comunicación (TICS) no son un tema nuevo para la clase media dinámica, la realidad es que aún tienen un largo camino por recorrer. Los profesores no la tienen fácil. Expresan dificultades, tener más trabajo, pero también preocupación porque el resultado académico no sea el esperado por las familias.

Los profesores son los alumnos de la cuarentena. Irónicamente hoy aprenden sobre la usabilidad de las herramientas digitales-virtuales, a la par de organizar actividades y verificar que los alumnos están llevándolos acabo a distancia. Lo hacen bajo otra premisa deseable: que todos sus estudiantes cuentan con lo necesario como computadoras y conectividad.

Los padres han visto como una de las garantías que tenían sobre la educación escolar, la responsabilidad de las escuelas y docentes sobre el actuar de sus hijos, se hace cada vez menos visible, menos tangible. Eso les preocupa porque ahora deben supervisar más activamente las actividades escolares y administrar con atención el tiempo de los hijos, incluyendo tareas, ocio y descanso. Invirtiendo incluso el que antes era tiempo propio. Por ejemplo, una ama de casa en Chiapas describe con añoranza cómo utilizaba el tiempo que sus hijos pasaban en las escuelas y como eso se había vuelto parte de la rutina de ambos. Antes, cada uno disponía de sus tiempos.

Finalmente, los estudiantes ahora perciben cierta “simulación” de la forma en que se espera que cumplan con sus deberes escolares. Lo señalan principalmente en la cantidad de tareas que ahora tienen comparada a las que solían hacer. Perciben que se hace más importante demostrar la conectividad, disposición en clases y entrega de tareas en un tiempo adecuado, que evaluar que estén aprendiendo. Parece que para mantener el sentido de cumplimiento escolar las familias y las escuelas retomamos los medios más tradicionales: pasar lista y hacer tarea, aunque ahora sea por Zoom y WhatsApp. ¿Cuánto tiempo durará eso? En los distintos puntos de vista sobre el regreso a clases, el performance del esfuerzo se hace más importante que el aprendizaje mismo por la finalidad de salvar el año, debido a que se tiene la percepción de que es mientras pasa la cuarentena.