¡Ya dije, estos días no tengo el Covid!

La normalidad se añora y cada vez se ve más lejana. Para traerla de vuelta se busca que el entretenimiento y la comunicación ayuden un poco.

Doña Josefa dejó atrás los noticieros y dio oportunidad al programa Caso cerrado y al canal Distrito Comedia, quiere diluir el COVID-19 del tiempo que pasa viendo la televisión. No por la despreocupación del tema sino por tranquilidad emocional. Las fechas santas ayudaron a este desahogo ante la presión y el estrés de la contingencia mediante el consumo de contenidos conocidos y el descubrimiento de otros. 

Las familias se dieron un descanso de la información de la pandemia porque ya reinterpretaron su forma de vida creando otras rutinas porque esto va para largo. Se esfuerzan, al menos en lo posible, por reactivar diligencias que son como simulacros de la realidad que se vivía antes de la cuarentena. Les ayuda a suspirar y secar el sudor de una frente ansiosa. Prueban plataformas como Zoom para hablar con la familia o pasan más tiempo en el WhatsApp para platicar con los amigos por videollamada

Este respiro mediático y el pretexto de los días religiosos intentaron reforzar la búsqueda de la normalidad conviviendo con otros miembros de la familia. Los Córdova invitaron a algunos familiares a comer pipián y dejaron fuera a los que sabían que ni de chiste iban a dejar la cuarentena. Buscan, con todos los medios que tienen, la reconexión con el otro cotidiano, con el que se nombra con nostalgia como lo normal. Porque el orden no se recupera ni se siente sin lo social. 

Lo normal se respiró con la recuperación de otros fragmentos, por ejemplo, la confirmación de la identidad religiosa y sus prácticas. Para evitar eliminar la tradición a toda costa, se buscaron videos y transmisiones que aludieran a las fechas. Los Sánchez chihuahuenses ocuparon la semana santa para no romper con su fe y decirse a sí mismos que, aunque no fueran a la iglesia, siguen creyendo en Dios. Que les comunicaran que las iglesias iban a estar cerradas, reforzó su postura con su costumbre y hasta compartieron juntos la misa por televisión. 

“Ya va a comenzar la Misa, alisten las cosas” dijo Mariana en Chihuahua, tal como si fueran las campanas de la iglesia. Los preparativos consistieron en ingresar a la página de Facebook en la computadora y conectar la laptop a la pantalla 

Re comunicarse con la añoranza incluyó el ritual de mirar el viacrucis por televisión. Un contenido excepcional, lleno de mística y reafirmación cultural. Este año la transmisión se miró con expectativa porque, ante la falta de la tradicional verbena y el público alrededor de la representación, se mostró en pantalla con tropiezos y con la percepción de ser menos real con los trucos que hay en la magia detrás de la televisión. Escuchar la cuenta regresiva para decir: grabando; o anunciar que habrá cambios de cámaras y escenarios les recordó a los espectadores que lo importante era el mensaje de la fe y no la perfección, justo como si fuera el Viacrucis de cada año. Dentro del huracán que se vive, un suspiro ayudó a decir: ¡estos días no tengo el Covid!’