
Semana Santa y “días de guardar” son aparentemente compatibles, sin embargo, tanto las familias mexicanas como las autoridades religiosas tuvieron que adaptarse.
En la cuarentena cada uno trata de poner de su parte y las autoridades religiosas no son la excepción. El servicio de entrega a domicilio en las ciudades ha aumentado y en esta Semana Santa la entrega fue de índole religioso. El Cristo de la comunidad visitó diferentes colonias con una ruta calle por calle y las personas salieron por lo menos a la banqueta a observarlo. Fue un viacrucis distinto, con las iglesias cerradas, pero los supermercados abiertos.
En Torreón, Lenin perplejo ante la noticia de que es la primera vez en 177 años que el Viacrucis de la Ciudad de México en Iztapalapa se realizará sin la asistencia de personas se pregunta “¿A poco ya llevan todo ese tiempo haciendo eso?”. Por la cuarentena y el encierro en casa las familias no perdieron la posibilidad de mantener viva la tradición a pesar de, aunque los cambios se aceptaron con resignación e incluso, con incomodidad. Porque el mexicano no siempre percibe el cambio y la adaptación como algo positivo, sobre todo si es impuesto y no incorporado por ellos mismos como experimentación o probabilidad.
Las familias se adaptaron a esta peculiar Semana Santa con rutinas que podrían percibirse contradictorias, por ejemplo, en la alimentación. La prohibición de la carne roja se identificó como parte del ritual, aunque no todas las familias la hayan seguido a rajatabla, como el caso en Tijuana, en donde organizaron una carnita asada el domingo. La pandemia no hizo más rigurosos a los creyentes de esta familia, porque era lo que hubieran hecho un domingo de vacaciones. En San Luís Potosí, la familia Ramírez decidió hacer ayuno algunos días como un intento de cambiar prácticas de su religiosidad en estas fechas, pero después de dos días lo rompieron. El sábado comieron tacos de barbacoa.
Mariana en Chihuahua se plantea otra contradicción evidente con la tradición y la realidad de la Semana Santa en la pandemia, “antes ni prender la tele podías, ahora se tiene que hacer a fuerzas para ver la misa ahí”. Esta adaptación se justifica como una práctica necesaria convocando a la comprensión de los fieles, resignificando la religiosidad en el temporal encierro. Es una forma de buscar y mantener la conexión con la comunidad, de recordarse que el hecho de tener que estar en casa no significa que estén aislados porque hay otros que están siguiendo la misa con ellos, en Facebook o en televisión.
Así, Semana Santa coincidió con una cuarentena en donde los cambios se aceptaron para cumplir con el ritual a su manera. No obstante, esta fecha los llevó a preguntarse qué hacer el día del niño y el día de las madres… ¿podremos ir a ver a mamá?, ¿a la abuela?, ¿qué pasaría si se llegara a extender la cuarentena hasta el 16 de septiembre o el 12 de diciembre? ¿qué tendremos que adaptar -con pesar- los mexicanos? ![]()
