Frente a la presencia mediática de los conteos y sus interpretaciones, ¿de quién se aceptan los datos y por qué?
En retrospectiva, el mexicano asimiló las noticias del COVID-19 de lo macro a lo micro. Pasó de escucharlo como parte de las escasas noticias internacionales a encontrarlo como protagonista en los mensajes del presidente, de los gobernadores y actualmente como noticia vecinal de la colonia y el barrio. Aunque nutrido también por rumores, comienzan a ubicar no sólo al COVID-19 con sus síntomas y cuidados, sino también a los contagiados y en algunos casos, a los muertos. Algo que parecía lejano, no sólo en lo geográfico sino también en lo cultural, es una realidad.
Aunque declaran un hartazgo por la saturación con el tema, se mantienen informados. Siguen la cifra, aunque no la entiendan a cabalidad. Algunos sospechan de ella, otros quieren quedarse con que la epidemia avanza lento en el país, pero no pueden evitar sentirse inquietos al saberla en su contexto, como Roberto que al ver los datos en Chihuahua “¡Válgame ya llego hasta acá! debí haber sacado un seguro”. Porque, aunque no se entienda de estadística la noticia merma directamente en saberse con mayores probabilidades de contagio o que se cuestione indirectamente ¿qué va a pasar si me contagio?, ¿y qué si me muero?
En un mar de interpretaciones el mexicano ha encontrado en los números reportados sobre el COVID-19 un símbolo común que representa la metáfora entre la sociedad que resiste y la enfermedad que avanza. ¿Cómo vamos? ¿vamos ganando o vamos perdiendo? No se repara mucho en los detalles o las características de los contagiados, pero sí de los muertos, se trata de darle sentido al por qué de su muerte. La sorpresa, la enfermedad en México está atacando a personas más jóvenes de lo que se esperaba.
Ante eso el discurso médico se percibe como más neutral. No esperan que salga el político si no es avalado por el secretario de salud del estado, por ejemplo, como réplica del fenómeno federal con López-Gatell, en Chiapas reconocen al Dr. José Manuel Cruz Castellanos que “ha sido pieza fundamental, es el encargado de dar los informes del avance del COVID-19 acá en Chiapas”.
Estos voceros de la contingencia comparten características sin importar el estado en el que emerjan: empezando por su carrera profesional, un tipo de discurso serio, ecuánime que busca ser empático y respetuoso desde la perspectiva científica. Porque eso es lo que se esfuerzan por transmitir, que sus bases no son políticas sino desde la vocación de servicio. Porque sin importar la inclinación o participación política, la expectativa de las familias es que los funcionarios de gobierno cierren filas y ahora trabajen por la población. El seguimiento de los informes en cada hogar ya no pretende la comprensión a detalle de las medidas sanitarias. Ahora, más que nunca, se busca que esos expertos transmitan que alguien tiene el control de la situación porque para ellos no queda más que esperar que, por lo menos en esos datos, no vayamos perdiendo. ![]()
