Más allá de las fases, los enfermos y las muertes la única certeza que se mantiene es que saliendo de la cuarentena los mexicanos no tendrán de otra más que trabajar
Las familias oscilan entre el inicio de la fase 3 y la planificación de lo que se puede hacer en el hogar y con el dinero. Perciben la llegada de esta fase como las dos caras de una moneda. Por un lado, puede convertirse en un aliado porque se considera una señal de que la cuarentena “va avanzando” y, por lo tanto, su fin podría estar más cerca; y por el otro, podría ser el peor escenario que implicará más restricciones de salidas, mayores dificultades para trabajar y, sobre todo, el incremento de los contagios, acercando irremediablemente al enemigo a casa, a pesar de que se esté haciendo lo posible para mantenerlo a raya.
Esta ambivalencia hace que cuestionen y comiencen a dudar de las estrategias y decisiones “financieras” que han llevado a cabo y los resultados que les pueden dar en un futuro. Qué tanto les beneficiará el apoyo del gobierno, los arreglos con los bancos, los acuerdos con la vecina que vende por catálogo, pagar lo mínimo en la tarjeta de crédito y, principalmente, hasta cuándo podrán seguir haciendo todo lo posible para no endeudarse. No desean sumar más números a los pagos mensuales y semanales que ya comienzan a preocupar.
Saben que lo que decidan hoy les puede afectar más de lo que imaginan. Expresan con una visión pesimista, que las medidas que tomen, aunque sean temporales se verán insertas en un contexto adverso. Aunque desconozcan lo que pueda vivir el país en términos económicos, piensan que México sólo potenciará sus actuales carencias y debilidades: desempleo, trabajos mal pagados, los altos precios en productos de consumo, la inseguridad cotidiana que seguirá cobrando víctimas… estas situaciones no las cambiará el COVID-19.
Saben que no queda de otra que esforzarse, que echarle ganas, como siempre. Al terminar la cuarentena tendrán que salir a conseguir trabajo, otros seguirán laborando sin prestaciones, otros más seguirán viviendo en un contexto de violencia. Sin embargo, no todo es negativo porque entre las estimaciones y las incertidumbres ya conocidas, el optimismo se refugia en los pequeños anhelos que hace más llevadero lo negativo, como volver a ver a familiares y visualizar los cumpleaños de julio como plan a mediano plazo. ![]()
