De los datos a la realidad

Las familias mexicanas han escuchado muchas cifras las últimas semanas, pero no logran vincularlas con sus decisiones diarias: ¿podrá el gobierno pasar del discurso de la transparencia al de la empatía? 

Sea de mañana o de noche, las 7 horas se han convertido en momentos del día donde los mexicanos esperan obtener información útil sobre el coronavirus. Hasta cierto punto, hay esperanza de conseguir un poco de luz sobre cuándo habrá permiso para salir o cómo atenderá el gobierno la crisis de salud y económica que ya se ven como inevitables.

Pese a ello, después de más de 40 conferencias que explican la situación de la pandemia, los contenidos se han convertido en una rutina y generan menor asombro. El lunes había 4,661 casos positivos, 296 muertos y 8,697 casos sospechosos, los cuales pudieron ser el doble y seguir siendo datos vacíos. Una frase atribuida a Stalin sentenciaba que “una muerte es una tragedia; un millón de muertes una estadística”. La impronta es la interpretación de la información y sus implicaciones, es decir, qué significa pasar de la fase 2 a la 3 o incluso hasta la 6.

Los números dejan de tener sentido cuando no se desdoblan en la realidad de la gente, esa que se preocupa por dar de comer a su familia y quienes a pesar del contundente “Quédate en casa” salen a la calle porque en su realidad sólo el 22% de los trabajos en México pueden hacerse a la distancia.

Un par de ejemplos que ilustran la brecha de los datos con la realidad; en días pasados, se anunció que el gobierno ahorró 40 mil millones de pesos para enfrentar al COVID-19, mientras que las familias mencionan que no cuentan con ahorros o empiezan a disminuir. También se anunció que los dueños de hospitales privados ofrecieron el 50% de su capacidad para liberar camas en el rebasado sector salud gubernamental, anuncio acompañado de 2 videos optimistas, uno donde se afirma que en 707 días estará listo el aeropuerto de Santa Lucía, y otro que narra que se colaron 648 pilas de concreto en la refinería de Dos Bocas. Y así, sin más, no hubo ronda de preguntas con los periodistas que en ocasiones representan con sus interrogantes al mexicano de a pie. Otra vez… ¿Y eso a las familias qué?

En definitiva, las cifras no reflejan las preocupaciones familiares porque éstas no se anclan sólo a la enfermedad, sino también a la convivencia y a la supervivencia social. Para las personas, el gobierno no transmite una directriz clara, actitud que se ha mantenido en cada informe: hay discursos, pero no representaciones. Parece tender y mantener una constante: lejanía de la realidad familiar. La administración no ha entendido que, como lo adelantaba Orwell en su novela 1984, “la cordura no depende de las estadísticas”. En casa se espera que alguien diga cómo enfrentar las preocupaciones y condiciones diarias porque, parafraseando a la señora Aurora, yerbera de Guanajuato que se hizo viral en internet, se podría decir que el mexicano que vive con incertidumbre la pandemia considera que los datos del gobierno pueden ser “creencias de gente pendeja”.[1]

Lo único que les queda a las familias es esperar al jueves para ver si el gobierno comparte datos útiles o si lo único que entiende de nuevo es la muletilla del presidente al comenzar y finalizar sus discursos: ¡Ánimo!


[1] [Mr Meme]. (2020, abril 9). Creencias de la gente pendej@ Entrevista completa. [You Tube]. enlace: https://www.youtube.com/watch?v=_bq282eS_UA