¿Qué tenemos hoy, para cuántos y para qué nos va a alcanzar?

Aún no hay crisis económica, pero las familias vislumbran y consideran necesario contar con una reserva de soluciones.

El último ingreso familiar del mes alcanzó para comprar la despensa y tener un poco más de lo necesario, para pagar los servicios y, en algunos casos, la renta. La experiencia de estar en casa se percibe normal, aún se come en las mismas proporciones y después se ve una película o una serie. Sin embargo, abril comenzó con un nuevo panorama en puerta porque las personas ya están empezando a usar lo extra: lo que se iba a gastar para la fiesta de cumpleaños, lo que no se paga de gasolina o se empieza a administrar la liquidación. Pero, cuando esos recursos se agoten y lleguen los recibos, ¿con qué se cubrirán?

Quienes no tendrán un ingreso seguro para este mes empiezan a pensar en sus recursos de reserva, que, en la mayoría de los casos, es su patrimonio. No hay un ahorro significativo para este tipo de contingencias, porque parecía imposible que todo el país se detuviera al mismo tiempo.

Aún no se sienten en riesgo, pero sí emocionalmente vulnerables. Si la crisis llega se percibe que será distinta, más larga y menos controlada, por lo que tratarán de evitarla lo más que puedan. Hay un miembro de la familia que está pensando cada vez más “lo que puede suceder” y está buscando la manera de atenderlo, en su mayoría es el proveedor económico o quien tiene mayor autoridad dentro de la familia. Horacio en Chiapas comenta que posiblemente tendrá que vender ‘un pedazo de terreno’ para tener un ingreso y se pregunta “pero ¿quién va a querer comprar en este tiempo tan difícil?, si lo que ahora se necesita es trabajo, para tener dinero” y a Tina en Cancún ya se le acabó el dinero de Sedesol y está pensando sacar su dinero del banco para tenerlo en efectivo por si se necesita.

En casa se están ajustando roles, los que perdieron su trabajo o vieron mermado su ingreso ya no pueden entrarle al ingreso familiar y se han vuelto dependientes. Si no están aportando desde lo productivo, la familia les pide que por lo menos se queden en casa. Ellos buscan apoyar cocinando, haciendo la limpieza o van a la tienda. El punto es entrarle con lo que puedan para evitar ser una carga.

Para el mexicano una crisis se previene y se resuelve trabajando, si no pueden salir se sienten atados de manos: es una contradicción constante. Se sienten frustrados porque desean no llegar a esa crisis, pero para cuidar a sus familias tienen que estar encerrados. Esperan acciones de empatía y apoyo en esta situación que aún tiene un tono hipotético, pero se percibe cercano: si yo me quedo y cumplo, que el gobierno deje de cobrarme los servicios que no podré pagar, que el banco me dé prorroga, que si necesito el crédito tenga menos intereses, que el cliente les compre un poco más o deje mejor propina. Saben que las cosas no serán gratis, que las deudas no van a desaparecer, pero quisieran que se consideraran las condiciones de crisis para apoyarlos a sanjar estas semanas y entonces sí volver al trabajo para rescatar lo que se pudo haber perdido.