Ante escenarios difíciles la calma se mantiene cuando se conservan los hábitos de siempre: el mexicano busca mantener el consumo de marcas conocidas, comer “lo que le gusta” y disfrutar de sus canales favoritos sin que éstos hablen de “lo que ya no se quiere escuchar”.
Enfrentarse al cierre de negocios, a la especulación de los precios y a la escasez de productos y marcas ha orillado a las familias a hacer modificaciones reactivas y buscar nuevas alternativas para “mantener una vida normal”. La readaptación ha originado nuevas experiencias, las cuales van desde el ya no poder tocar la fruta y el pan antes de comprarlo hasta cambiar el canal que siempre se sintonizaba en la tele de la sala. Todo esto, sumado a la estricta convivencia doméstica, genera la necesidad de transformarse.
Las mujeres en casa son quienes buscan satisfacer las necesidades alimentarias pero sobre todo las emocionales de la familia. Entonces al no encontrar aquello a lo que “estamos acostumbrados” se decide entre dos escenarios: buscar hasta tenerlo -común en NSEyC media típica-; o conformarse y adaptarse a lo que hay -común en media dinámica.
Ante la incertidumbre sobre el abastecimiento, si alguna vez fue el papel de baño, ahora la especulación es ¿cuánto nos durará la cerveza?, ¿ya no habrá de la cerveza que nos gusta? Si se puede comprar por anticipado, se compra. Si no, se quedan con lo que surte la tienda de la esquina porque es tiempo de privilegiar la cercanía.
Llegaron los pagos del agua, el teléfono, el internet y se complicó ir a pagarlos, pero hay que pagarlos porque esos “no perdonan ni a su madre” y además son necesarios. Entonces, para no quedarse sin luz o evitar pagar recargos, se tuvo que aprender a pagarlo por internet o se buscó un banco abierto -porque ya casi todos cerraron- y que esté cerca.
Hoy día parece ser que la estabilidad emocional es prioridad y uno de los caminos para tenerla es la búsqueda de opciones: desde noticias y programas que no hablen siempre de lo mismo hasta los tips de la vecina sobre dónde se consigue el frijol más barato. Así es como ahora se sintonizan canales por donde hacía mucho no se pasaba y se visitan tiendas que ya no se recordaban. ADN40 tiene una nueva televidente que buscaba documentales y películas, los más jóvenes invitan a la familia a hacer maratones de películas y series, y quien extraña ir a misa ha encontrado cómo hacerlo desde YouTube. Si algo ha caracterizado las últimas tres semanas ha sido la percepción de pérdida de control. Al mexicano le está costando sacrificar no sólo la experiencia social per se, también tiene un desequilibrio entre las decisiones que se toman de manera autónoma -lo que me gusta- y las que son reactivas al contexto impuesto -lo que hay-. Quedando algunas reflexiones sobre si ¿habrá adaptación sin desesperación? o ¿pasando la contingencia se volverá a consumir igual? ![]()
