AMLO: Crisis transitoria, fortaleza y valores del pueblo mexicano

La oportunidad del mensaje unificador entre diferentes retóricas del gobierno se convirtió en “un poco más de lo mismo”.

Si de algo han estado ávidas las familias es de indicaciones o mensajes que ayuden a definir el horizonte y lo deseable es que el emisor sea López Obrador por la figura que representa. Aunque el presidente inicia hablando de la incertidumbre y ofrece sus condolencias a aquéllos que han perdido a un ser querido por el coronavirus (sic), el mensaje fue un informe trimestral de trabajo, lleno de números, un espaldarazo a su plan.

Continúa con un sutil pero poderoso reconocimiento al sacrificio que hacen las personas al acatar las medidas de cuidado y presenta las acciones para afrontar la crisis transitoria como la califica. Compara esta crisis a las ocasionadas por huracanes, sismos, tiranías, malos gobiernos y la corrupción “la más mala, trágica y funesta de las pestes”. Las personas saben cómo se reconstruye una ciudad después de un sismo, pero no una economía después de una pandemia.

López Obrador inserta el coronavirus en su plataforma política como una circunstancia más. No como algo a lo que se debe afrontar o que tendrá consecuencias incalculables. Puede comprenderse en un entorno en donde las personas no desean recibir malas noticias. Para algunos, las buenas noticias están en los apoyos económicos que seguirán recibiendo y con ello su tarjetización como beneficiarios vía la consolidación del Banco del Bienestar.

Agradece a los empresarios que mantuvieron el empleo, las prestaciones y el salario de sus trabajadores. Pero en casa, quienes perdieron su trabajo, no pudieron evitar preguntarse, ¿qué va a pasar conmigo? Porque hay una realidad en donde no todos corrieron con la misma suerte. La preocupación principal es cómo se reactivará el empleo y cómo se podrá generar ingresos en esta época. Al parecer las opciones van a surgir de la iniciativa de la gente, por ejemplo, vender algo. Escuchan sobre inversiones, que se mantendrán las obras -al aeropuerto de Santa Lucía se le da bastante tiempo aire- pero los créditos para las pequeñas empresas familiares que “se gana la vida día a día”, se quedaron brumosos e intangibles.

¿Quién es el protagonista del mensaje?  El gobierno. Asume que, a partir de llamar a la honestidad, a la austeridad, a ajustarse el cinturón, puede invocar al compromiso de los funcionarios públicos que se quedarán sin aguinaldo. No son los héroes. Casi puede escucharse el eco de las familias diciendo “a ver si es cierto, que les toque como a todos”. Sobresale una vez más la ausencia de la representación de otros sectores de la población, la clase media y el empresario de a pie. Cierra con su característico tono histórico con Roosevelt, Simón Bolívar y Benito Juárez, invocando al símbolo que le ha acompañado desde su campaña, la esperanza. Y aunque se dice optimista -y exhorta a los mexicanos a no deprimirse-, al presidente no se le nota contento con el dato de la depreciación del peso ni con el menos de .5% de reducción del índice delictivo.