Además de los medios de comunicación masiva, ¿qué otros mensajes se reciben en la calle?, además del COVID-19 ¿qué otras preocupaciones sobresalen?
No basta con lo que anuncia la televisión, ni lo que se recibe, intercambia y publica en las redes sociales, las personas necesitan constatar todo en el entorno. En las calles y con el otro. El coronavirus está en México, pero ¿qué tan cerca? Las familias están mapeando la situación a partir de sus vínculos sociales en otros estados y municipios para poder medir la proximidad de la amenaza. Para saber cómo está el asunto se habla por teléfono con el amigo taxista de Palenque o con el conocido que trabaja en un hospital de San Luis Potosí.
La conversación no se limita a la emergencia sanitaria, también anuncia con pesadumbre los despidos, liquidaciones y recortes de ingreso. Otras “malas noticias”. Por la bocina del teléfono o la pantalla del celular se sabe que la situación se está poniendo más difícil y los ingresos apenas dan para “lo del día”. La información que sirve es la que se constata en el entorno, con los que viven “mi realidad”. Se tiene que decidir si poner o no el puesto, si vale la pena volver a surtir o no.
En diferentes localidades aparecieron otros medios que los enteran de la situación. Hay perifoneo realizado por autoridades locales para que las personas se queden en casa, también comunicados de hoteles locales donde se anuncia la suspensión de recepción de huéspedes. Algunas comunidades empiezan a cerrar filas mientras se invita a los pobladores a “reportar la presencia de visitantes, nacionales o extranjeros, para la aplicación de medidas preventivas”.
Los políticos locales aparecen con particular protagonismo generando suspicacias entre la población. Que una presidenta municipal realice una campaña de “cercanía informativa” sobre el COVID-19 o un diputado apoye a los ciudadanos con agua potable, gel antibacterial, cloro, naranjas y limones son vistas como acciones oportunistas que buscan brindar una buena imagen de ellos.
Con este vaivén de noticias, conferencias televisadas, fake news, carteles en lugares públicos y rumores, el resultado generalizado es una atmósfera de alarma y perplejidad. Sin embargo, cada preocupación es diferente y hay que atenderlas por separado. Tina, de Cancún, se pregunta qué hará durante el encierro cuando su telenovela favorita termine; Horacio en Chiapas teme que aíslen su comunidad y la de sus abuelos; en Oaxaca, Zacatecas y Torreón denuncian el alza de precios en productos de la canasta básica y el probable desabasto de artículos de primera necesidad.
Lo interesante es que esas preocupaciones encuentran rutas de fuga, de desahogo y de atención en los medios de comunicación. En los momentos en que el COVID-19 agotó la conversación y las personas se sienten saturadas, resulta mejor sentarse a ver una película, una serie o armar un rompecabezas. Para los que están en casa, también hace daño estar viendo sólo las malas noticias. ![]()
