Y ahora, ¿qué hacemos con tanta información?

Desde el anuncio de la Fase II se desató más información, tanto oficial como la que no lo es tanto. Y al hablar de un obligatorio “Quédate en casa”, ¿qué reacciones tuvieron las familias?

La familia Treviño de Monterrey se coloca cómodamente frente a la televisión cada mañana, alterna entre los canales regios y los nacionales. Comenta que desde hace un par de días pasan más tiempo con la pantalla encendida. En Torreón, Lenin le explica a su abuela Gloria porqué hay que tener cuidado con los mensajes emitidos por el presidente mientras se revisa el chat familiar y se escuchan las noticias. Rodolfo en Xalapa, entre risas, le recuerda a su madre que debe tener cuidado para compartir por chat la noticia que vio en las redes sociales sobre el mejor remedio para curar el COVID-19: bicarbonato con jugo de limón.

Los múltiples medios de comunicación son un ancla importante para la cambiante cotidianidad. Aparentemente, su uso se reduce a los fines informativos y solución de los pendientes laborales o escolares. Sin embargo, detrás de estas razones se observan procesos curiosos y complejos de conciencia que van más allá de la actual contingencia.  

Después de poner en pausa planes y actividades cotidianas, algunos pretextos perdieron su pertinencia: No tengo tiempo. Tengo mucho trabajo. La cuestión actual es: ¿qué hacemos encerrados entre cuatro paredes con los seres más cercanos? La pregunta indica la necesidad de reinventar la cotidianidad y en el discurso el estar informados parece ser un buen pasatiempo. La información permite llenar los huecos de tiempo que aparecieron inesperadamente, mientras se generan nuevas rutinas y surgen otras responsabilidades.

El encierro incentivó una búsqueda constante e involuntaria del qué hacen, qué leen y qué opinan los otros integrantes de la familia. Y ahí, en la indagación, se generó un sistema de comparación donde se crean colectivamente filtros para validar las formas de elegir las fuentes de información de manera más consciente.

Dentro del proceso los adolescentes juegan un rol importante. Siendo “nativos digitales” asumen el expertise para filtrar la información adecuada: escuchan los noticieros locales y nacionales, acuden a plataformas extranjeras y confrontan la información con las opiniones y entrevistas de los expertos. Eligen un punto medio que les apoya a corroborar y compartir la información para los otros familiares. Y, por si fuera poco, fungen como reconciliadores en sus familias: en las situaciones cuando las opiniones se dividen, no hay un mejor remedio que compartir algún meme que aminore la tensión. Si bien las opiniones de la contingencia se dividían inicialmente entre no es para tanto y es algo muy serio, el anuncio de la fase II y la presencia de incontable información provocó la aceptación de que “ahora las cosas sí se están poniendo raras”. Pero, curiosamente, sólo alguno que otro familiar ve pertinente explicar y preguntar: realmente, ¿qué es la fase II para el monstruoso virus respiratorio?

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