Quedarse en casa ha generado una confrontación entre la vida ordinaria y la emergente. Surge la necesidad de aprender nuevas dinámicas y estrategias para mantenerse lejos del aburrimiento y la preocupación.
¡Quédate en casa! Una instrucción que a primera vista parece simple, sin embargo, esta petición exige ajustes a las dinámicas existentes en el hogar y en el trabajo que no estaban contempladas, porque el mexicano expresa no saber cómo quedarse en casa.
Cada familia hace una evaluación diaria de cómo han cambiado sus actividades, cuáles se han agregado y cuáles ya no se pueden hacer. Estas últimas, son las que más pesan. Y es así porque el mexicano ha percibido por generaciones que la palabra “prohibición” no es cotidiana, siempre se encuentra una forma de darle la vuelta a un no. Culturalmente se exalta la habilidad de encontrar la forma para seguir haciendo cosas del contexto inmediato: “se hace lo que se quiere con lo que se tiene”.
¿Cómo decirle al mexicano dinámico que deje de serlo? Ante la prohibición de salir, las personas se vuelcan hacia adentro, algunas se resisten, a otras las convencen. Se vive una ambivalencia entre la duda y acatar la indicación. No hay más que adaptar el movimiento. Aún no se cree del todo lo que sucede, pero a la vez, se establecen actividades que no son opcionales: la limpieza diaria en casa o salir a trabajar porque no hay de otra.
Una madre en Torreón, además de atender las recomendaciones del maternal de su hijo, debe mantener todas las actividades que ya realizaba porque es maestra de un colegio y su rol se triplica; un hijo en Chiapas ve la oportunidad de aprender a trapear y ayudarle a su madre; alguien más en San Luis Potosí aprende a confiar en su app bancaria para realizar transferencias, porque evita salir al banco. Estos ajustes pudieron darse en otra circunstancia, pero es este contexto extraordinario lo que está desencadenando nuevos aprendizajes que no se sabe si permanecerán en el tiempo o se extinguirán por ser extraordinarios. Eso el tiempo lo dirá.
La adaptación contingente podría ser un mecanismo para pasar los días o podría establecer nuevos hábitos. Tratar de aprovechar las circunstancias, buscar el beneficio cotidiano y ver el lado bueno. Un padre ahorra y ya no le da dinero a su hija porque “ya ni sale”, las mamás no gastan en el lunch de la escuela y los trabajadores perciben que gastan menos al comer en casa. Incluso, aquellos que salen a trabajar, aprovechan que hay menos gente en la calle, menos tráfico, llegan más rápido y encuentran lugar de estacionamiento sin complicaciones. No todo es tan malo. Metafóricamente, hay ventanas abiertas que dan un aliciente al cotidiano de las personas, porque es necesario mantener ventilado el espacio para no encerrarse sólo con la zozobra. ![]()
