El futuro se construye conforme se adaptan las contingencias cotidianas, no a largo plazo, ¿qué ocurre cuando la contingencia es nacional? ¿dónde se visualiza el cambio?
Aunque las señales internacionales mostraron el avance de la pandemia, a las familias les tomó por sorpresa el cambio “de un día para otro”. Fue drástico y lo que más resienten es restringir la vida social. El cierre de las escuelas no fue tan enérgico como la cancelación de eventos culturales y sociales. La cancelación de las fiestas del pueblo terminó con la especulación de la emergencia. El peligro es real.
Ante esto no se plantea la recuperación de lo clausurado, sino regresar a la vida cotidiana: poder salir en familia, ver a los amigos, hacer las fiestas de cumpleaños. El trabajo y el dinero están a la mira, porque si se rehace la vida social, el trabajo se reactiva y el dinero empieza a caer. Ese es el orden y la prioridad. No saben cuánto tiempo durarán las condiciones, pero creen que las medidas – la distancia social y el cierre de escuelas— son necesarias para reducir el impacto. Deducen que influirán para que todo pase más rápido.
La familia es el soporte de referencia ante la contingencia y la situación de crisis, porque la adversidad la une más. Se sabe que estando en bloque son menos vulnerables tanto en lo social, lo económico y la salud. Si algún miembro de la familia se ve afectado los demás aguantarán para mantenerse a flote. El soporte económico familiar y social se dará en pocos miembros de la familia que cohesionen al grupo, regularmente adultos que no tienen afecciones adversas de salud. Los pilares serán un símbolo de certidumbre. Pero en estos momentos, también la pensión de la abuela da seguridad y por ello hay que cuidarla. Es mejor que no salga.
Y aunque no quieran salir, los pilares de la familia lo tendrán que hacer. Representan el futuro del hogar. Trabajando con prestaciones laborales o por su cuenta, contienen las crisis familiares que se desencadenen en el día a día. Son quienes toman las decisiones ante el cambio porque de ellos depende lo que se dice ‘nuestro’.
Trabajar lo más que se pueda para guardar dinero es lo que les importa ante un posible ajuste. Saben que la crisis es pasajera. De ser posible, no se dejará de buscar el progreso de la familia. ¿Cómo le harán? Ante todo: no dejando de buscar ni de moverse. Para la familia que vende comida, intentará hacerlo con sus vecinos; quien vende productos de limpieza buscará más mercancía porque el coronavirus es lo mejor que le ha pasado. Cada familia tomará sus decisiones y su futuro. Esperan contener lo económico, juntando dinero, no gastando, siendo reactivos frente a la incertidumbre. Y como siempre, para ellos, los del México en crisis, el virus de la especulación puede ser más radical que el mismo COVID-19. ![]()
