Hola, virus

Los cambios se empiezan a percibir en lo más cotidiano y ninguna estrategia está de más, ¿cuál ha resultado más eficaz?

Una familia en Mérida ha decidido que los abuelos no salgan a la calle. Una familia en Guanajuato se desinfecta cada que entran en casa. Una familia en Monterrey ya trabaja desde su hogar. Todas son de un Nivel Socioeconómico y Cultural diferente. No importa, por ahora. Cada una ha establecido estrategias para hacer frente a esta realidad que, casi a fuerzas, se debe incorporar a la cotidianidad. Piensan como grupo todo el tiempo. Los roles familiares se vuelven más estrictos y necesarios. El primer síntoma es la organización a partir de nuevos límites: los del hogar, los de la convivencia, los de la preocupación.

Los ajustes se hacen a partir de cambios evidentes. Hay presencia de niños en casa todo el día, las vacaciones se tuvieron que posponer, se buscan nuevas formas de producir ingresos y el grupo familiar está más cerrado que nunca. Y así como las familias, la emergencia sanitaria se ajusta cada minuto. ¿Qué implica esto? Que se toman decisiones todo el tiempo, a marchas forzadas, algunas voluntarias y otras no tanto. Dentro de esas decisiones están el ajustar horarios de salidas y personas encargadas de hacerlo, realizar compras inteligentes y preventivas – no se asumen como de pánico, aunque lo parezcan–, estirar el dinero y, claro, lavarse las manos.

De la conspiración al rumor, de la incredulidad a la sobreprotección, del trabajo a la política, lo que es verdad es que las familias mexicanas no reflexionan en cómo van a terminar después de esto. Se reacciona al día, no saben cómo se comportará el ingreso al otro día, mucho menos qué va a suceder con el país. Eso sí: distraerse sigue siendo primordial. ¡Hola, virus! hola, series; hola, redes sociales; hola, críticas; hola, expectativas; hola, ayuda de donde venga. La reorientación de la vida desemboca en la reorganización de qué se hará desde ahora por la mañana, por la tarde, por la noche. Ya no se podrá ir a la iglesia los domingos o al tianguis. ¿Qué harán el domingo? Aún no se resuelve, aún no se asimila la nueva cotidianidad. Además de gel y jabón, aparece la administración del dinero y el crédito (tarjetas, compras a meses, etc.). Al igual que el consumo por adelantado, importa tener una reserva de efectivo para cualquier emergencia, hacer un recuento de los ahorros y, más o menos, un pronóstico económico para los siguientes meses. El futuro no está en planear sino en saber reaccionar efectivamente. Los proveedores y administradores de las familias buscan que las instituciones bancarias sean un apoyo con un concepto concreto: empatía. La oportunidad de relacionarse con las familias está en reconocer su esfuerzo de manera doble: por generar -recursos, estrategias y herramientas- y por cuidar -a partir de la convivencia, en la contención-. ¿Cómo, entonces, una marca los apoyará?