En medio de un intercambio de opiniones y posturas se resienten los primeros cambios en la vida diaria y se busca una dirección, ¿qué pensaron del actuar del Presidente?
La noticia se multiplica por redes sociales con diferentes titulares pero con similares intenciones: “El Presidente López Obrador muestra sus amuletos que lo protegen del coronavirus”. Aun cuando el presidente mostró los amuletos que lo protegen de sus adversarios políticos y no de la enfermedad, el titular diseñado a manera de clickbite tiene más efecto que la discusión sobre la veracidad en su contenido. El dardo logra dar en la dolencia más recurrente de la imagen presidencial este sexenio, pone en evidencia que la expectativa de la clase media es tener un discurso elocuente en el que escuche lo que sucede en su realidad pues, frente a la información internacional, el mexicano entró en un estado de incertidumbre ante el cual decide no esperar el mensaje institucional del ejecutivo y actuar por su cuenta. Se queda en casa, cierra filas, lo diga o no La Mañanera.
En casa es evidente que se discierne entre lo que dice el Presidente (“hay que seguirse abrazando”) a las acciones tomadas, pues habiendo cerrado escuelas y algunas oficinas, las familias reducen su vida social y aumentan sus acciones de cuidado, no se los tuvo que decir explícitamente él. Tampoco parece que haya una obediencia a un solo mensaje, se actúa a partir de lo que se recibe de diferentes flancos: lo que se lee en redes sociales, en el trabajo, con los conocidos. Aunque hay una crítica a las estampitas del presidente y los memes ya llegaron al whatsapp de la familia para incomodar a los pejistas, no falta quien comenta que también traen sus estampitas en la cartera, porque ante todo hay que tener fe. Adultos mayores y personas con alguna práctica religiosa coinciden que ante la incertidumbre, siempre hay que encomendarse a Dios, que entienden al Presidente. Porque no puede descalificarse el pensamiento mágico del mexicano que también le permitirá resolver en sí mismo la contingencia sanitaria incluyendo las prácticas de higiene que estén a su alcance. Lo demás ya se verá.
No se termina de creer que la crisis de salud pueda ser real y no hay una fuente concreta que lo haga real. Es probable que prefieran creer que no lo es pues saben que el sistema de salud no está en las condiciones idóneas pero también saben que, si no es un invento de los gobiernos, quienes viven en grandes ciudades serán los más afectados. Por eso hay quienes se enteran de lo que dice el Presidente como algo anecdótico y buscan en sus gobernadores el contrapeso o el complemento que les permita tener una claridad sobre lo que puede ocurrir. La paradoja del mexicano es que, hasta no ver, no creer, no hay que dejar de tener fé.Mariana: “¿Ya viste lo que hizo ahora este viejo ridículo?” [Con tono de molestia]. Roberto: “¿El Peje?” Mariana: “Sí, salió diciendo que el Sagrado Corazón era un amuleto”. Roberto: “Ah sí lo vi, yo me busqué en la cartera a ver si tenía uno [risas]. Debería de ponerse a hacer algo, salió en las noticias que en los aeropuertos no tienen control con los que llegan”. Mariana: “Nada más es hablar y hablar”. Ricardo: “Como todos los políticos” [risas]. Familia Sánchez, Chihuahua. ![]()
